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Malápio, la bodega de la Bairrada que recupera el vino ancestral y apuesta por un futuro sostenible

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En una pequeña bodega portuguesa, las tinajas de barro centenarias vuelven a ser protagonistas de la elaboración del vino. El proyecto de Romeu Martins, que combina tradición familiar, viticultura artesanal y enoturismo, ha recibido una mención honorífica en los Trofeos Luso-Franceses 2026 por su compromiso con la sostenibilidad.

En la región portuguesa de la Bairrada, conocida por sus vinos y su tradición gastronómica, la Adega Centenária Malápio ha recuperado una forma de elaborar vino que se remonta varios siglos atrás. Aquí, las uvas se vendimian a mano, la fermentación tiene lugar en antiguas tinajas de barro y buena parte del trabajo sigue los métodos transmitidos de generación en generación.

Detrás de esta pequeña explotación se encuentra Romeu Martins, que decidió recuperar la antigua bodega familiar y devolver la actividad a unas instalaciones donde el barro, la madera y las paredes de adobe forman parte de la historia del lugar.

Su apuesta por la conservación del patrimonio y por una producción vitivinícola de mínima intervención ha sido reconocida en la 32.ª edición de los Trofeos Luso-Franceses, celebrada el pasado 13 de octubre en el SUD Lisboa. La bodega recibió una mención honorífica en la categoría de Desarrollo Sostenible, otorgada por la Cámara de Comercio e Industria Luso-Francesa (CCILF).

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

El legado de un maestro alfarero

La historia de Malápio está estrechamente vinculada a Aristides, abuelo de Romeu Martins y maestro alfarero de la región. Su conocimiento del barro y de las técnicas tradicionales fue una de las principales inspiraciones para recuperar una actividad vitivinícola que había formado parte de la vida familiar.

En lugar de transformar completamente las instalaciones, Romeu optó por conservar la estructura de la bodega, incluidas sus paredes originales de adobe, y recuperar las grandes tinajas utilizadas antiguamente para fermentar y almacenar el vino.

Estos recipientes, algunos con más de un siglo de historia, constituyen hoy uno de los elementos más característicos de Malápio. Su interior se acondiciona con cera de abeja y resina de pino, materiales naturales empleados tradicionalmente para proteger el barro.

El resultado es una producción artesanal en la que cada etapa mantiene una estrecha relación con la historia del territorio.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Una viña centenaria donde conviven diferentes variedades

La singularidad de Malápio comienza mucho antes de que las uvas lleguen a la bodega.

Su viñedo, de aproximadamente una hectárea, conserva un sistema de plantación inspirado en las prácticas agrícolas medievales. En lugar de separar las variedades en parcelas individuales, diferentes castas autóctonas conviven en el mismo terreno, formando un mosaico de cepas antiguas.

La viña se trabaja manualmente y sin herbicidas, conservando prácticas tradicionales como el uso de soportes de madera, cañas y mimbre para conducir las plantas.

Tras la vendimia, las uvas se trasladan a las tinajas de barro, donde fermentan de forma natural, sin añadir aditivos químicos durante el proceso de vinificación.

Este método, asociado habitualmente a otras regiones portuguesas como el Alentejo, forma también parte de la historia vitivinícola de la Bairrada, donde Malápio ha decidido recuperarlo.

La producción es limitada y está condicionada por los ritmos de la viña y por las características de cada cosecha.

Para Romeu Martins, este trabajo representa una manera de preservar tanto el paisaje como los conocimientos que durante generaciones permitieron elaborar vino utilizando los recursos disponibles en el entorno.

«Este premio honorífico es la confirmación de que la sostenibilidad no consiste únicamente en mirar hacia el futuro, sino también en recuperar lo mejor que nos ha enseñado el pasado», afirma el fundador de la bodega.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Enoturismo entre viñedos, gastronomía y naturaleza

La Adega Malápio también invita a descubrir la Bairrada desde una perspectiva diferente, a través de experiencias que permiten conocer los viñedos, participar en actividades relacionadas con la elaboración del vino y disfrutar de la gastronomía local.

Las visitas incluyen recorridos por la bodega y la viña centenaria, degustaciones comentadas de vinos elaborados en tinajas de barro y propuestas gastronómicas acompañadas de especialidades regionales.

Entre ellas destaca el tradicional lechón asado de la Bairrada, uno de los platos más representativos de esta región portuguesa, que puede degustarse durante algunas de las experiencias organizadas por la bodega.

La oferta va más allá de las visitas convencionales. Malápio propone talleres de vinificación, jornadas de vendimia, comidas y cenas temáticas, así como recorridos que combinan el descubrimiento del vino con otros atractivos naturales y culturales de la región.

Algunas experiencias permiten explorar los arrozales del río Cértima, la Pateira de Fermentelos o los paisajes próximos a la sierra de Bussaco. También existen propuestas de recorridos en bicicleta eléctrica y visitas que terminan con una degustación de vinos acompañada de productos regionales.

Uno de los principales atractivos de la bodega es precisamente su ubicación. Desde los viñedos se pueden contemplar los arrozales del valle del Cértima y, en el horizonte, las montañas de Caramulo y Bussaco.

Se trata de un enoturismo de pequeña escala, en el que el visitante puede conocer directamente al productor y comprender cómo se elaboraban los vinos antes de la introducción de los procesos industriales.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Adega Centenária Malápio, en la Bairrada portuguesa, donde la tradición vinícola y la sostenibilidad se encuentran.

Un reconocimiento al valor de conservar

La distinción recibida por Malápio se enmarca en los Trofeos Luso-Franceses, unos galardones que reconocen iniciativas empresariales destacadas por su actividad, innovación y contribución al desarrollo económico y social.

En esta edición, el Trofeo de Desarrollo Sostenible fue concedido a Ventana Meca Arcos, mientras que la Adega Centenária Malápio obtuvo una mención honorífica en la misma categoría.

Para una explotación familiar de dimensiones reducidas, este reconocimiento supone una oportunidad para dar visibilidad a un modelo de producción que apuesta por conservar los recursos existentes, proteger la biodiversidad y mantener vivo el patrimonio vitivinícola.

En la Bairrada, donde el vino forma parte de la identidad regional, Malápio ha encontrado en las antiguas tinajas de barro una forma de continuar escribiendo su propia historia.

Y para quienes buscan descubrir Portugal a través de sus tradiciones, sus paisajes y su gastronomía, esta pequeña bodega ofrece una manera diferente de acercarse al mundo del vino.

 


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